La moda se nutre de fusiones para fortalecerse y avanzar. Se transforma, se reinventa. Givenchy sabe muy bien que la industria responde a parámetros más complejos que la mera creatividad.

En su pasarela de Paris en su versión ready-to-wear, la maison presentó una colección colmada de textura, una textura que quizás se acostumbra a ver solo en shows de alta costura. Y aquí es donde está la clave.

La firma ha sabido fusionar a la perfección lo mejor del hecho-a-medida con los detalles artesanales y exclusivos del haute couture. Con un guiño claro hacia la sastrería clásica, las tipologías se han reinventado para explorar el diseño y el color de la mano de texturas, apliques y un maximalismo que no se esconde.

Abordando una paleta mayormente acotada -explorando desde el negro más profundo hasta el verde en sus variadas tonalidades- el guiño a los contrastes estuvo siempre presente.

La pasarela de Givenchy alza una vez más su voz a favor de la inclusión apartandose de preconceptos estéticos y estándares ideales, apostando por una pasarela diversa e inclusiva, a tono con la voz social que da apoyo a esta transformación de la cual la moda se hace eco y promueve.

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