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Muchos lo consideran una tendencia pasajera como tantas otras en el mundo. Otros le llaman «slow fashion» haciendo referencia a un aparente fenómeno de mercado de nicho. Lo cierto es que la industria de la moda a nivel internacional vive una transformación profunda fruto de un cambio de paradigma empoderado por las nuevas generaciones que se encuentran hipersaturadas de mensajes masivos y de consumo voraz.

La Moda Consciente es un comportamiento del consumidor más que un simple concepto en boga. De la mano de la generación millenial, quienes sienten particular responsabilidad por reformular teorías, comportamientos y paradigmas heredados que no han  favorecido del todo la vida y el medioambiente, surge lentamente una nueva actitud hacia el acto vestimentario, una nueva manera de relacionarse con las prendas que cubren el cuerpo, dejando de lado la valoración de aspectos un tanto carentes de sentido para dar paso a un esquema valorativo fundado en ciertos códigos muy diferentes a los que predominaron en décadas pasadas. En otras palabras: las prendas comienzan a elegirse en base a principios claros y con sentido: por su calidad, durabilidad, su responsabilidad ambiental y social a la hora de ser elaboradas, por su afinidad e identificación personal. La tendencia vertiginosa, los cambios casi frenéticos de temporadas y la imposición y uniformidad tipológica quedan de lado a paso firme, conforme el modelo de industria de producción masiva muestra claros signos de agotamiento y astío.

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Muchos piensan al instante en que hablar de Moda consciente implica utilizar solo prendas elaboradas en textiles de lino, algodón o reciclados, o rememorar los míticos años `60 donde las prendas amplias, el desenfado y la rebelión contra las normas se imponian.

Lo cierto es que hablar de Moda Consciente es referirse a una nueva actitud y comportamiento en cuanto el consumo de la industria. ¿Necesito realmente ese blazer o traje? Si lo necesito. . . ¿Cómo está elaborado? ¿Qué costos engloba su valor de venta final? ¿Qué impacto tiene en el medioambiente? ¿Cuál era la situación de las personas que intervinieron en su fabricación? ¿Su tipología responde a una tendencia o a un estilo que me identifica? El consumidor actual de moda se hace estas preguntas al momento de comprar una nueva prenda. Y ahí es donde radica el cambio de paradigma.

El retorno de disciplinas como la sastrería y la modista a la escena de mercado o la creación de exitosas empresas atentas a la creación de prendas ambiental y socialmente responsables fomentan y fortalecen este cambio.

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Mucho queda por aprender y un largo camino por transitar, pero lo cierto es que corriendo 2018, el consumidor avanza firme sobre una renovación necesaria para la moda y sobre todo para cada uno de nosotros como persona, siendo más conscientes de nuestra realidad que no es aislada ni unilateral, sino interconectada y sistémica. Hoy más que nunca somos responsables de moldear nuestro futuro y crear el mundo que queremos. Consumiendo de manera responsable es uno de los primeros pasos.