A primera vista lo más cautivante es el look: prendas relucientes, vestidos que rozan la alta costura, tacos infinitos, maquillaje perfecto, peinados imposibles. Una producción digna de las altas ligas de la moda internacional. Pero el ojo no logra robar significado a un movimiento – término que hoy en día le queda corto – que ha roto barreras y, corriendo 2018, ha llegado más lejos de lo que ninguno de sus grandes exponentes pudo imaginar. La disciplina Drag representa un valor cultural que ha logrado con los años modificar paradigmas y abrirse paso en medio de un mundo marcado por una masculinidad exacerbada.

En televisión, uno de los programas más destacados de la televisión internacional es Rupaul’s Drag Race, un reality-competencia donde sus participantes «luchan» cuerpo a cuerpo por demostrarle a mundo sus dotes artísticos desde el armado de los looks, la construccion de las prendas con características couture y la búsqueda de aquellos accesorios que crearán al personaje soñado, a una diva de divas.

Lo que en la década de los ’80 era propio de antros y circuitos under de las ciudades, hoy es una expresión artística adoptada culturalmente a nivel internacional. Es que el concepto de Drag Queen ha mutado para covertirse en una rama creativa generadora de tendencias y debates sin precedentes. Un claro ejemplo de esta transformación conceptual es el de RuPaul, la primera figura drag en poseer una estrella propia en el paseo de la fama en reconocimiento a sus décadas de labor artística y transformación cultural.

En un mundo paradójicamente masculino, las mujeres también se abren paso. Drag Kings es el término que define a artistas femeninas que usan el arrastre masculino y personifican los estereotipos del género. Pero a medida que las comprensiones de género se han vuelto más fluidas en los últimos años, también lo ha hecho esta definición; Reyes Trans e incluso hombres cisgénero que actúan como Drag Kings, así como mujeres cisgénero que actúan como Drag Queens. El concepto es abarcativo.

Pero vamos a ser sinceros: en cuanto a la disciplina Drag se refiere, las mujeres aún pasan desapercibidas. Drag Queens logran romper barreras culturales, sociales y artisticas impensadas, pero las mujeres Drag Kings aún son cosideradas artistas fantasmas. Incluso a medida que el mundo Drag se expande, el género femenino permanece más o menos ausente en la cultura pop. Resolver ese enigma es complejo, pero un buen lugar para comenzar el debate sobre el papel de las mujeres delante y detrás de la cámara. Más aún: cuando las mujeres asumen características masculinas, ciertas partes de la sociedad lo consideran amenazante.

Es evidente, el mundo Drag surge como herramienta social para abrir focos de debate amplios, complejos y profundos, lejos de conformarse con la crítica efímera relacionado a lo estético. El rol de la mujer en la sociedad y la cultura, la apertura social a aceptar nuevas realidades personales y colectivas, el grado de aceptación de una humanidad heterogenea, diversa, compleja pero unificada a la vez. Queda mucho camino por recorrer, y resulta fundamental ampliar las miras para detectar detrás del color y el brillo Drag una base de análisis que apunte hacia el cambio, el crecimiento, la mejora social, colectiva y personal.

Al menos, el primer paso está dado.